Mi cuento - Basquiat
EL CAMPO DE AL LADO
Juan es un alumno de cuarto de
Primaria del colegio Padre Manjón en la ciudad de Salamanca. Su padre es
profesor de instituto y su madre trabaja en un banco. Tiene una hermana pequeña
llamada Sofía a la que le gustan mucho los gatos, pero que todavía no tienen
ninguno. Disfruta mucho yendo al cole y, especialmente, de las clases de Lengua
e Inglés.
A Juan lo que más le gusta en el
mundo es ir en verano a su pueblo, Vega de Tirados. Es allí donde están sus
amigos, donde tiene a sus abuelos (a los 4, porque Juan tiene la suerte de que
siguen con él, y que además todos son del mismo pueblo). Su tío Fernando también
vive allí, cuidando a los animales que, en su día, criaron sus abuelos.
El animal con el que Juan tiene
mejor relación es una vaca llamada Loli. Loli es una vaca muy especial.
Prefiere relacionarse con humanos que estar rodeada de sus iguales. Un día Juan
quiso preguntarle a Fernando por su amiga, y por qué parecía que le tenía tanto
miedo al resto de vacas, caballos, o cerdos. Su tío le explicó que, cuando Loli
llegó a Vega, estaba muy asustada. Toda su vida la había pasado hacinada en un
espacio muy pequeño y muy sucio, lleno de plásticos y desechos, con otros
tantos animales como los que hoy conviven con ella en la finca familiar.
Loli acabó en esa especie de
“vertedero animal”, con restos orgánicos y plásticos, una situación muy
contaminante, porque nació con una malformación en una de sus patitas. Loli no
camina como el resto de las vacas, e igual que los animales que vivían con ella
en ese lugar, los humanos con los que había convivido no creían que sirviera
para nada más que para estar con los restos de plástico o desechos orgánicos.
Juan, hablando con su tío sobre
la situación de Loli, se dio cuenta de que tenía que cambiar su forma de hacer
las cosas en casa. Tenía que intentar, en primer lugar, producir menos
desechos, reciclar todo el plástico que se consumiera, y concienciar en todas
partes de lo importante que es cuidar y valorar a los animales.
Loli seguía teniendo miedo y
muchas reservas a compartir y convivir con el resto de la finca, pero Juan se
propuso ir al pueblo todos los fines de semana, y establecer una “zona de paz”,
un campo de al lado, para que Loli
fuera conociendo poco a poco y no de forma multitudinaria, a los animales que
la acompañaban en su día a día. Un espacio sin residuos, con buena luz solar,
pastos bonitos y apetecibles, es decir, las condiciones necesarias para que
cualquier ser vivo sea feliz.

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